Jaime's rant... Noviembre: Resolución de Conflictos e Implicación Social

Fachadismo en Valparaíso
Aunque hace ya más de un mes que aterricé de vuelta en casa, una parte de Chile sigue en mi cabeza. Entre otras cosas, esta fotografía y la conversación con aquella restauradora (de restaurante) que narraba en la entrada de octubre. Si hay un aspecto que queremos destacar en esta edición del congreso es precisamente la importancia de las comunidades en la gestión del patrimonio (mundial). Por desgracia, en muchos casos, la gestión sigue siendo un aspecto meramente técnico donde nadie tiene voz ni voto. El caso de Valparaíso tras el terremoto es uno de estos casos, principalmente tras el conflicto generado por la localidad al dejar en la calle a decenas de personas que formaban parte del entramado social y cultural del bien.
Porque muchas veces tengo la sensación de que cuando hablamos de patrimonio nos fijamos únicamente en un sitio, un monumento, una pieza, tal vez un paisaje, sin tener en cuenta que esos sitios suelen estar habitados y forman parte del día a día de alguien... y no me refiero a los técnicos que lo gestionan.
Al hablar de conflicto hoy, nos vendría a la cabeza el Estado Islámico y el tráfico de antigüedades para financiar su guerra santa, o el reciente anuncio de la Unesco sobre el centro cultural de Bamiyan, que parece ser que saldrá adelante en breve. Alguno, incluso traerá a colación el conflicto abierto, también en lo cultural y arqueológico, entre Israel y Palestina. No entendemos ese otro conflicto sin armas, que se desarrolla día a día en todos los bienes declarados Patrimonio Mundial. El conflicto de la rutina y la gestión.
«Señora, usted no puede reformar el baño de su casa, su casa es patrimonio» le decían hace unos años a la madre de una buena amiga en una ciudad con su conjunto arqueológico declarado. Así, sin muchas más explicaciones y sin muchas más razones. Cuando la relación de los técnicos que gestionan el patrimonio se convierte en un arma instrumentalizada de represión hacia los derechos de cualquier ciudadano, algo falla. Estoy utilizando palabras muy duras, consciente de que las críticas pueden empezar a llover. Quiero abrir un conflicto con mis compañeros y compañeras, porque siguiendo el camino que llevamos, yo tampoco creeré en el patrimonio.
¿Por qué nos olvidamos de la gente? ¿Está el patrimonio por encima de todas las cosas? Cuando hablo de fachadismo (ver imagen), no me refiero a la definición habitual, sino que quiero construir una metáfora que afecta al patrimonio cada día. Fachadas sin contenido, bienes sin gente, ciudades sin ciudadanos. Este congreso quiere encontrar buenas prácticas en la gestión del Patrimonio Mundial y no puede haber una práctica buena en la que la gente quede de lado. Los bienes patrimoniales deben ser gestionados en su contexto, y con sus conflictos.
Por eso este tema es fundamental para el congreso. Porque el conflicto forma parte del día a día y se produce a diferentes niveles. Pero, sobre todo, porque de la resolución de estos conflictos depende en buena medida el futuro de nuestro patrimonio. Un patrimonio que no se valora pierde su sentido. Si no somos capaces de implicar a la gente en la gestión y abordar los conflictos que generamos cada día, estaremos gestionando humo.

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